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Aluminio y bauxita: impacto socioambiental y alternativas de consumo

11/04/2018

Por sus calidades, el aluminio es uno de los minerales más empleados por la fabricación de materiales. La ligereza, la manejabilidad, la durabilidad o la resistencia térmica, hacen que el aluminio se haya convertido en materia delgada en muchos ámbitos económicos y sectores productivos. Tenemos muchos componentes en la industria de la automoción, de la construcción o en los electrodomésticos que están hechos a partir de aluminio. Y si entramos a nuestra cocina de casa, encontraremos muchos productos cotidianos hechos a partir de aluminio, como son las latas de refresco, el papel de plata con el que envolvemos alimentos o las latas de conserva, entre otros.


Pero más allá de la versatilidad que ofrece el aluminio, hay que alertar del grave impacto medio-ambiental que genera todo el proceso de obtención de aluminio y repensar como podemos hacer frente a este desafío, teniendo en cuenta que el aluminio es el tercer mineral más utilizado después del hierro y el acero.


¿Cómo se obtiene el aluminio?


El aluminio no es un mineral que se encuentra puro en el medio, sino que está presente en otros minerales o rocas compuestas como algunas arcillas, caolines o feldespatos. La bauxita es la roca de donde se saca más aluminio (20/30% en masa), puesto que está compuesta por óxidos hidratados de aluminio. El proceso de extracción de la bauxita es por minería a cielo abierto y son diversos los procesos que se aplican a la bauxita para conseguir el aluminio licuado, que es con el que obtendremos el aluminio como materia delgada. Durante estos procesos, la bauxita se disuelve con hidróxido de sodio (proceso Bayer) y finalmente se separan los elementos por electrólisis.


Actualmente, las minas de bauxita se sitúan mayoritariamente en regiones tropicales y subtropicales. Guinea, Brasil, Jamaica o Australia se sitúan al frente de los países donde se extrae más bauxita a nivel mundial. Se calcula que para conseguir una tonelada de aluminio se necesita procesar unas cuatro toneladas de bauxita. Esto comporta la generación de muchos residuos tóxicos, entre ellos el barro cáustico, que contamina gravemente el medio.


Impacto ambiental del aluminio


Las minas de bauxita tienen un impacto ambiental muy grave al territorio. Al ser minas abiertas, el impacto en el medio es más grave que en mina subterránea, puesto que los daños son en gran parte irreversibles. La extracción de bauxita erosiona el suelo y elimina toda la flora, afectando también a la fauna de  ese entorno.


La contaminación que genera la industria del aluminio es preocupante porque arrolla millones de toneladas al año de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono, y gases que están presentes también en la lluvia ácida como el óxido de azufre y el óxido de nitrógeno. Además, el proceso de  transformación de la bauxita en aluminio requiere de grandes cantidades de energía y agua.


Además de esto, esta actividad es causa indirecta de la deforestación de la zona cercana a la mina, puesto que una vez se han creado caminos de acceso a la mina en el espacio natural, normalmente otras industrias aprovechan este acceso como pueden ser la industria carpintera, productores de carbón y otras actividades que contribuyen a la deforestación de zonas boscosas o selváticas.  Son ejemplos las minas de bauxita en Jamaica (mayoritariamente propiedad de Kaiser, Alpart y Alcan), donde según indica el medio digital El Polvorín, serían responsables indirectos de la deforestación que ha traído al deterioro de más de un tercio de las cuencas Jamaicanas, secando diversidad de acuíferos y produciendo restricciones severas de agua en pueblos y ciudades en los últimos años.


Hay que añadir que la actividad minera de bauxita genera varios conflictos en el territorio*, puesto que comportan el desplazamiento de muchos poblados y la pérdida de formas tradicionales de vida, como la pérdida de plantas locales con usos medicinales, la imposibilidad de generación de cultivo, graves restricciones en la caza o el mantenimiento ganadero, entre otros. Es el caso de la comunidades indígenas quilombolas del Estado de Pará en el Brasil, donde desde finales de los años setenta, 35 comunidades quilombolas resisten a la actividad minera de la compañía Río don Norte la cual tiene una concesión de al menos 10 minas Bauxita en la zona indígena de Oriximinia. Según el Observatorio de Conflictos Mineros de America Latina, Las comunidades quilombolas esperan desde el año 2003 que finalice la titulación de sus tierras, pero de momento el gobierno ya ha emitido licencias para continuar la explotación de bauxita hasta el año 2023.


Por otro lado, tenemos muchos utensilios de aluminio que están en contacto con los alimentos que consumimos. Sólo hay que pensar en el papel de aluminio o en los utensilios de cocina con los que cocíamos o removemos la comida. Varias fuentes apuntan el alto grado de liberación de aluminio en los productos alimentarios y como éste tiene un impacto negativo en nuestra salud, a pesar de que muchos estudios han minimizado esta alarma. Según el estudio de Loreto Suay y Ferran Bellester de la Escuela Valenciana de Estudios por la Salud, no hay resultados determinantes para asociar un grado elevado de exposición a este metal (a nivel alimentario, laboral, farmacológico, etc.) con la enfermedad de Alzheimer, pero aun así no se puede descartar “un papel tóxico del aluminio sobre la salud, y por lo tanto su exposición tendría que ser controlada y reducida en la medida de lo posible”.


¿Alternativas?


El aluminio al ser inorgánico, sólo se puede oxidar o combinarse con otras sustancias. Por lo tanto, los residuos de aluminio en el medio, además de generar contaminación, no es biodegradable y puede permanecer hasta 200 años. La salida más viable y factible es el reciclaje de aluminio.


Los envases de aluminio son muy fáciles de reciclar, el metal no pierde calidad y además lo podemos hacer ilimitadas veces. Con el reciclaje de aluminio nos ahorramos alrededor del 95% de energía que es necesitaría para producir aluminio puro a partir de la bauxita. En otras palabras, se necesita la misma energía para producir una lata de aluminio a partir de la bauxita que para producir hasta 30 latas de aluminio reciclado. Aun así, a nivel mundial el reciclaje de envases de aluminio no llega ni a mitad de los que se consumen. De hecho, en 2016 sólo se reciclaron el 45,5% del total de envases de aluminio consumidos al estado español, según datos de la Asociación para el Reciclado de Productos de Aluminio (ARPAL).


Nosotros como consumidoras podemos incidir optando por los envases de aluminio reciclado. Los productos reciclados están marcados con el símbolo de identificación de reciclaje de la Comisión Europea como al número 41. Así pues, este es un buen elemento para identificar qué productos de aluminio son reciclados. Por otro lado, podemos reutilizar (como el caso del papel de aluminio) o todavía mejor, reducir el uso de este por otros envases menos contaminantes como el vidrio.

* Para más información, muy recomendable el reportaje “La Guerra secreta de la Bauxita”

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