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Los vasos compostables desechables: ¿una solución ecológica?

30/07/2018

El abril de 2018, la Comisión de Medio ambiente del Congreso acordó iniciar modificaciones legislativas para prohibir, a partir del 1 de enero de 2020, la comercialización, importación y exportación de utensilios de plástico desechable cómo son los platos, los vasos, los cubiertos y las pajitas. Sólo se autorizarán aquellos envases que contengan, al menos, el 50% de los materiales biodegradables hasta el año 2020 y el 60% a partir de 2025.

Por otro lado, la Comisión Europea (CE) ha propuesto una normativa que también regula los envases desechables, la cual puede ser incluida dentro de la Directiva de Economía Circular. En concreto, la CE propone medidas importantes como la prohibición de ciertos productos plásticos desechables cómo son las pajitas, los palillos de las orejas, los cubiertos o los platos de plásticos. También se propone reducir el consumo de envases de plástico desechable, instando en los estados miembros a promover esta reducción por medio de regulaciones y normativas. Otra medida importante es la imposición de obligaciones por los productores de envases desechables, puesto que estos tendrán que contribuir a cubrir el coste de la gestión y limpieza de los residuos además de las campañas de sensibilización.

Frente esto, han empezado a surgir con fuerza alternativas de envases desechables hechos a partir de materiales orgànicos. Se denominan biopolímeros y podemos encontrar varias  tipologías como el Poliàcido Poliláctico (PLA) o los Polihidroxialcanoatos (PHA). ¿Pero estos bioplásticos son una alternativa ecológica?


Los biopolímeros y la normativa EN13432

Los biopolímeros son materiales "plásticos" producidos, parcialmente o totalmente, a partir de materias orgánicas. La celulosa, el almidón, la quitina o las proteínas son ejemplos de primeras materias para los biopolímeros,

No todos los biopolímeros son biodegradables, ni todos los biodegradables son compostables. Según la normativa europea EN-13432 que regula las características de la biodegradabilidad y la compostabilidad, la biodegradabilidad, es la capacidad de una materia para degradarse, sea por forma aeróbica o anaeróbica, y lo tiene que hacer en su mayoría (mínimo el 90%) en un plazo de 6 meses en un ambiente rico de dióxido de carbono. Además, al entrar en contacto con materiales orgánicos, en un máximo de 3 meses el 90% de la materia tiene que estar convertida, como mínimo, en fragmento inferior a los 2 mm.

Algunos productos biodegradables pueden ser descompuestos por microorganismos, pero este hecho no garantiza que se producirá compuesto orgánico de calidad. Es decir, el término compostable se relaciona con los índices de toxicidad del material descompuesto si este se abandona al medio. Según la EN-13432 para que la materia sea compostable tiene que tener los niveles de PH dentro de los límites establecidos, no tiene que contener materiales pesados así como contenidos salinos, de sólidos volátiles y otros minerales dentro de los límites establecidos.

Según datos del estudio de Erick Andrés Proañamaya de la Escuela Politécnica Nacional de Quito sobre la evolución de la biodegradabilidad de los biopolímeros, desde el 2012 hasta el 2014, se han incrementado un 10% la producción de biopolímeros a escala mundial, y en 2016 se produjeron 4,2 millones de toneladas, de las cuales 3,2 fueron biopolímero no biodegradable (con derivados del petróleo). O sea, en general se estima que del total de la producción de biopolímeros, sólo el 23% son biodegradables.

Greenwashing

Teniendo en cuenta este último dato, muchas empresas aprovechan la etiqueta de biopolímero para generar una imagen de sostenibilidad y de protección del medio ambiente. Pero cómo se ha visto, la mayoría de biopolímeros no son biodegradables y mucho menos compostables. Estas técnicas de marketing ya fueron denunciadas en 2015, cuando se destaparon bastantes casos de productos plásticos que hacían referencia al cumplimiento de la normativa EN13432 cuando estos realmente contenían aditivos oxo-fragmentables y no eran compostables.

Cómo se ha expuesto anteriormente, hay pocos biopolímeros que sean biodegradables y no todos son compostables. Son básicamente los PBAT (Poli Butileno Adipato-co-Tereftalato), PBS (Polibutileno Succinato), PLA (Ácido Poliláctico), PHA (Polihidroxialcanoato) u otras mezclas a partir de almidón.

Los vasos biodegradables transparentes desechables que hemos empezado a ver en varios eventos y festivales están hechos a partir de PLA, compuestos mayoritariamente por almidón de maíz. Esta materia tiene la característica de una resina que se puede inyectar o extrusionar, entre otras posibilidades. Su limitación es que este material no soporta temperaturas calientes mayores a los 45°. A pesar de ser un biopolímero biodegradable, su capacidad de compostabilidad es apta en un sistema de proceso industrial, pero se ha puesto en entredicho en sistemas de compost con gusano a pequeña escala. Muchos de los biopolímeros biodegradables no tienen un desarrollo satisfactorio en los sistemas de compost con lombriz porque "no tienen las condiciones necesarias para iniciar la hidrólisis que el biopolímero requiere para disminuir el peso molecular y hacerlo susceptible al ataque microbiológico o digesta de la lombriz", como concluye un estudio de la Universidad Iberoamericana de 2013.

¿Son una alternativa sostenible?


Frente la contaminación del plástico, los biopolímeros biodegradables pueden parecer una opción recurrente. Pero hay que prestar atención de qué uso hacemos y qué sistema estamos reproduciendo. Varias entidades ecologistas ya han alertado de este falso espejismo que comporta el paradigma del biopolímero.

Los residuos de bioplásticos desechables requieren mucha más gestión y no son sinónimos directos de sostenibilidad. Tal como explica Ignasi Puig Ventosa de la Fundación ENT: "Un vaso compostable que acabe al contenedor de envases y allá sea gestionado como rechazo, no tiene por qué ser mejor que uno de plástico que se acabe reciclando". Por lo tanto, hace falta información y concienciación sobre donde tienen que ir estos residuos y de qué sistema de compostaje es el más eficaz para ellos.

Además de la gestión, los bioplásticos no rompen con el modelo de consumo y la cultura del “usar y tirar”. Cómo ya hemos hablado anteriormente en este espacio, el modelo productivo y de consumo de "usar y tirar" tiene graves impactos socioambientales. Por lo tanto, hay que buscar alternativas en este modelo como explica Anna Peña de la Fundación por la Prevención de Residuos y Consumo - Rezero: "Lo que realmente necesitamos es aplicar soluciones efectivas para poder frenar el problema de los residuos, desde la perspectiva del sobreconsumo de recursos. Necesitamos un cambio real en el sistema de producción y consumo porque la mera sustitución de plásticos desechables por otros materiales no es suficiente".

En este sentido y en el marco de la campaña " Julio Libre de plásticos" (#PlasticFreeJuly), varias entidades ecologistas como Amigos de la Tierra, Greenpeace, Devuelve, Rezero o Sufrider han pedido* que se elaboren políticas y programas realmente efectivos para frenar el problema del plástico de raíz sin "parches" ni eufemismos como los bioplásticos. Según estas organizaciones, una de las alternativas más viables, es la reducción de los productos desechables y promover los productos y envases reutilizables para acabar con la cultura de la usar y tirar.



* Podéis leer más a: http://www.rezero.cat/noties-mainmenu-2/193-actualitat-2018/694-bioplastics-no-solucionen-la-contaminacio-per-plastics

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